Yo creo que la inteligencia humana no ha inventado nada que no sea verdadero, en éste mundo o en los otros.
Gerardo De Nerval. Aurelia.

martes, 26 de enero de 2010

Mantra

Pinto -----Pinto--Pinto------Pinto-Pinto-Pinto-Pinto-PINTO-pinto-----pinto--pinto

PINTOPINTOPINTOPINTOPINTOPINTOPINTOPINOPINTOPINTOPINT

El acto creativo rebosa sensualidad y eleva la espiritualidad, el artista acaba rindiéndose a los colores y a las formas, y es en ésa entrega que la creación se vuelve puro amor…

miércoles, 6 de enero de 2010

Janet Opazo, la pintora que ayuda a las personas

por: Marta Eva Amado
info@cronistasao.com.ar

La cita para la entrevista es a las 11 AM del jueves 26 de noviembre. La hoja del calendario marca el final de las clases de pintura. Por la espera siento que las alumnas de Janet no se dan cuenta de la hora y que es el último día. Siguen con las pinceladas en acrílico y óleo. Corporizan una espuma de olas muy blancas, un jarrón con un lienzo que cae y hasta la fachada de ladrillos grises de una escuela de Las Grutas.
-¿Y cuándo empezamos? , pregunta una mujer de increíbles 85 años.
- A mediados de febrero, así me solidarizo con los maestros que también empiezan, responde Janet.
Chau, dicen todas, pero antes hubo despedidas con fuertes abrazos. –Y una de las alumnas vuelve y deja un delantal, el que llevaba puesto la de los ochenta. -Cuídamela, te la encargo. Dios te lo va a devolver, dice Janet que sobre sus ropas viste un entero sin mangas y a cuadritos celeste y blanco. La figura es mediana. Aproximo el metro setenta y en su rostro se destaca una frente bastante amplia, nariz pequeña y labios finos y delicados. Ajusta los cabellos de un castaño claro con la típica cola de caballo. Mechones rizados tocan la cara de pómulos rellenos y de ojos como diminutas almendras.
En el estrecho atelier caben pequeñas mesas de madera con sillas. Varios cuadros con la firma Janet Opazo cubren la sala. Un enorme jaguar con manchas negras y simétricas me mira con placidez e insistencia. Y la obra con limones enteros y en mitades provoca que de inmediato me aparezca una acidez apetitosa.
“Para mí el dibujo y la pintura son un modo de expresión, -suelta Janet que ahora está sentada frente mío-, yo saco la alegría y la tristeza, cuando no quiero que nadie me hable, pinto y cuando estoy feliz, pinto”.
-¿Pero también te dedicás a la docencia y a tus alumnos les cuesta despedirse?, ¿verdad?-Pasa que la profesora que tuve cuando tenía ocho años me facilitó que llegara a las metas que me trazaba. ¿Sabés?, cuando le comenté a mi papá que quería ir me dijo que si me hacía responsable, sí. Éramos seis hermanos y yo la del medio y él no me podía pagar. Así que empecé dibujo a los ponchazos.
- ¿Y con los materiales? -Un lápiz de sombra, recuerdo haber juntado dinero con mi papá para poder comprarlo. Era el proyecto, no como ahora.
Cuando Janet empezó la secundaria dejó las clases de dibujo. Recuerda que en su hogar comenzó de nuevo el fantasma económico. Los dos últimos años de la escuela media trabajó de administrativa en una clínica. Ahí retomó el dibujo y ya no lo abandonó.
Y con referencia a sus alumnos asegura que si se guarda algo, explota. Necesita contarlo.
-¿Pero no te quedás con nada?, –le devuelvo casi incrédula.-No, no, es más, yo dibujo con cada alumno o alumna, transporto en ellos mis ganas de dibujar. ¿Viste?, no sé qué me pasa, me gusta transmitir.
La línea de la pintora se basa en el hiperrealismo. A través de los cursos y talleres logró una completa formación artística con autores sobresalientes. En el menú figuran Amuchástegui, Isaurralde y Lascano. Admite que la solvencia llegó con esfuerzo y tuvo que descubrir por sí misma muchos de los secretos que ocultan las técnicas.
-Te dije que te iba a leer una carta, ¿te acordás?, me dice.
Se levanta y trae una caja de madera. La abre y sus dedos largos recorren una apretada pila de sobres y cuadernos. Elige una carta. -Es de mi padre y la escribió en el ´97.
Lee uno de los párrafos. “…Dios protegerá a esta personita tan buena –se refiere a ella- yo comparto esta opinión, es más creo que tu tía se ha quedado corta, porque yo creo que es un ángel humanizado…”.
Queda petrificada. Es la Janet que hace catorce años y cuando tenía 29 le donó a su hermano un riñón. –dice que lo volvería a hacer- -Papá opinaba esto. ¿No es mucho? Es lo que me hace seguir y yo creo que a través de la docencia puedo rescatar chicos y grandes. No sé si van a dibujar. Y esto hace que tenga sentido la vida, ¿no te parece?
-Trabajo que realizó la autora en el taller de Escritura Creativa del profesor y escritor Juan Pablo Meneses -