Yo creo que la inteligencia humana no ha inventado nada que no sea verdadero, en éste mundo o en los otros.
Gerardo De Nerval. Aurelia.

lunes, 11 de enero de 2016

OjiTO PING PONG

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miércoles, 2 de junio de 2010

Revista Papirando Futbol, en junio la literatura y el arte dedicados al mundial

Para hacer las fotos de éste número recorrí distancias de
tiempo y espacio, experimenté la adrenalina de un
estadio de futbol en las gradas populares y caminé por
los hogares comunes, la vida diaria me regaló un futbol
en lugares impensados, inadvertidos, insospechados,
encontré la pasión en medio de la puna jujeña o en los
patios de las casas de Río Gallegos, en un recuerdo
gastado de la amazonía peruana y en el televisor de
algún comedor de paso en la Patagonia Argentina;
comprendí entonces que la energía del futbol, inunda los
rincones para trascender los problemas cotidianos y así
invadir los momentos de sabor a esperanza.
Silvana Torres
http://www.4shared.com/document/79DcXOsi/Papirando_10_-_Ftbol.html

domingo, 14 de marzo de 2010

Liberando cuentos



Te libero de tu limitado espacio en: Mis documentos-Carpeta- cuentos terminados.

Gajes del oficio: El misterio de las camelias


La elegante, diminuta, y curvilínea mujer merodeó entre las tumbas. Sus finos zapatos altos se hundían en la pastosa tierra del cementerio, caminaba con prisa pero atenta a los nombres de las cruces que acusaban a los difuntos. Parecía odiar el lugar, detestar los mármoles negros y los ángeles silentes. Con deliberada repulsión apartó los pinos que surcaban el sendero y que por el viento de agosto que soplaba incesante, estiraban su ramaje hacia ella impregnando su ropa de olor a muerto. Recorrió dos veces la misma hilera, supuse que estaba perdida, pero ella no se aproximó a preguntar y entendí que no sería bien recibido si me acercaba, los años y el trabajo me han enseñado a ser discreto.
Aprendí a ser una sombra entre los panteones. La gente pasa sin siquiera mirarme, yo tampoco los miro, no vaya ser cosa que mi rostro se les cuele en las pesadillas por ser el cuidador del cementerio, por lo que me mantengo en un solitario anonimato. En ocasiones mis días son largos cordones grises, deshabitados de todo sentimiento y otras veces se colman de intrigas que hacen que mi vida sea un poco más interesante, como esa tarde de otoño cuando aquella mujer con aires de dama irrumpió en mi rutina.
La seguí con la mirada, se detuvo frente a una cruz corroída y serpenteada por una flor de plástico coronando un montón de tierra, que si no fuera por la cruz y la flor sería parte del camino. Era una de esas tumbas que hasta el tiempo las olvida. Recuerdo que yo mismo puse esa flor, y a veces también regaba el montículo agrietado, eso también lo aprendí con los años, tengo decenas de muertos huérfanos que visito a diario, es mi forma de hacer caridad ¿De qué otra forma podría? Soy sepulturero sólo me relaciono con los muertos.
La vi acercarse y limpiar la cruz despejando el nombre, después, se quedó de pie tan quieta que por un momento la confundí con un serafín. Me pregunté si estaría llorando, pero sus lentes oscuros no me dejaban, si no imaginar las lágrimas detrás de ellos.
La gente habla con sus muertos, eso es muy normal, pero ése día aquella mujer de exquisito andar, se sacó los zapatos y los tiró con furia sobre la cruz, arrancó la flor y sacudió los alambres en una colérica lucha con el plástico sucio y desteñido. Desparramó la tierra suelta y de su cartera sacó un papel para romperlo en varios pedazos y arrojarlos sobre la tumba. Después, el silencio. Sacudió sus zapatos, se los calzó y se alejó con la misma altanería con la que había entrado al lugar. Pasó a mi lado sin percatarse de mi presencia, después desapareció en un lujoso auto negro.
Me acerqué a la tumba del difunto Facundo Guzmán, 15 de diciembre 1955 a 26 de enero de 2007, hacía tres años que no recibía visitas, la última vez fue en su funeral y eran los empleados de la compañía fúnebre quienes habían tenido la atención. Me acerqué un poco más, y con un tono de complicidad, susurré frente a la cruz:
-¿Qué habrás hecho amigo, que ni en la muerte te dejan tranquilo?
Al día siguiente la tumba se veía distinta, el poco pasto se había achicharrado y yo me preguntaba qué significado tendría. No soy supersticioso, es lógico, soy sepulturero y no creo en las brujas, pero que las hay, las hay. Corrí al cuarto de las herramientas donde había guardado los desechos de papel que arrojara la curvilínea dama el día anterior. Confieso que tuve que luchar por ellos con el viento y sus ráfagas, que en un burlón juego de niños me los arrebataba de las manos. Los guardé en las cajas metálicas donde siempre guardo la yerba para el mate. Eran siete retazos de papel arrugados, pero podía leerse claramente.
“Vine a recordarte que no cumpliste tu promesa.”
¿Sólo eso? ¡Vaya si hay locos en este mundo! Reflexioné, y quedé con un acertijo en la cabeza, porque la extraña dama no regresó nunca más, aquel fue un episodio extraño que con el tiempo olvidé por completo
Sin embargo, hace una semana me volvió el recuerdo de golpe cuando caí en la cuenta de que el vacío montículo de tierra que ocupaba Facundo Guzmán, se había poblado de camelias rojas… ¿Camelias rojas? Me pregunté ¿No eran éstas las flores del arrepentimiento? Por supuesto que sí, conozco el significado de cada flor, forma parte de mi trabajo, “rosas rojas, el hombre había sido bien querido, y en cambio las amarillas significan desprecio, las camelias blancas significan admiración y las rojas… las rojas, arrepentimiento estaba seguro”. Las flores habían nacido por obra y gracia de la naturaleza, y concluí que no era ni más ni menos que una señal del difunto intentando comunicar algo. Facundo Guzmán tal vez quería decir que estaba arrepentido. ¿Sería de aquella promesa incumplida que reclamaba la dama de lentes oscuros? ¿Cómo poder saberlo? ¿Acaso ni la muerte nos salva del remordimiento de las promesas no cumplidas? Pregunté nuevamente en voz alta, y la pregunta quedó suspendida en el perfume de las camelias.
Y esta anécdota quedará en mi historia como un rompecabezas inconcluso más, un conjunto de presunciones alocadas y desenlaces imposibles. Gajes del oficio diría mi difunta esposa, que en paz descanse; ahora la voy a visitar a su tumba que se llenó de madreselvas, después que le pregunté frente a su cruz si me había amado. ¿Qué significaban las madreselvas? ¡Ah!... Ya recuerdo, unión y amor eterno.

domingo, 7 de marzo de 2010

Feliz Día de la mujer

Por Daii Carrá

Destino

En el resplandor ceniciento del amanecer
y entre cada sorbo de mate, iba memorizando
el recorrido del día, un día mas de la cotidiana
y sofocada vida.
Alboroto distante, gente demasiado excitada por la calle;
y justo el pálpito de una tragedia que se estaba
gestando. . .
Le rogaba a Dios que me diera el valor para
matarme, pero no me lo dio.
Desde lejos se oían chapotear las lágrimas
dentro del corazón sobre un abismo de incertidumbre. . .
Como una mariposa sin albedrío cuya sentencia
ya estaba escrita desde siempre, sentí un desconcierto
de mi inocencia con aspecto irreal...
Temblando de rabia, reconocí en la penumbra del alba que:
"la fatalidad nos hace invisibles". . . y dije. . .

Al carajo con todo. !!.
Soy dueña por primera vez de "mi destino".